Sunday, 20 February 2011

Ciego, sordo y cuerdo. Pero habla como loco.


...divagaba mentalmente ese día, como todos los demás, mientras esperaba a que el día tan anhelado de la entrevista arribara. El filtro que se encuentra entre el cerebro y la boca se le había roto muchos años atrás en un accidente verbal del cual nunca pudo salir con éxito. Siempre representaba un motivo de frustración para él no haber conseguido superarlo. Ese era su pretexto para divagar, pues el accidente le impedía llegar siempre al punto, teniendo que rodear una y otra vez para poder darse a entender.

Además, con el tiempo perdió el oido y la vista. El oido lo perdió un día que lo sobresaturó, le dijeron diez palabras y él intentó interpretar mil, así que su oido explotó. Algo parecido sucedió con su vista cuando sus ojos prejuiciosos "viboreaban" a una persona mal vestida, éstos saltaron de sus cuencas para poder ver a detalle a tal esperpento, pero no contaba con que el suelo estaba lleno de veneno que habían tirado sus colmillos mientras "viboreaba" a su presa, y con su propio veneno quedó ciego. No conforme con esto, dejó de hablar desde aquel momento, ya que no le apetecía hablar y no escucharse. Su mayor anhelo era recuperar su oido, para poder escucharse mientras hablaba:

-Me gustaría tener una segunda oportunidad, poder volver a ver y escuchar- Pensó Javier...

A la semana siguiente Javier despertó, aún sin abrir los párpados, se levantó y se dispuso a tomar un baño porque el día de su entrevista había llegado. Pero, al abrir la puerta de su cuarto que no tenía ninguna ventana, escuchó la perilla girar, así como la luz que se posaba en sus ojos. Abrió los párpados y pudo ver todo lo que se encontraba a su alrededor. Tanta fue su emoción que no quiso desperdiciar ni una sola palabra, ni escuchar demás, así que actuó como si sus deficiencias estuvieran aún presentes.

No habló en toda la mañana hasta que llegó la hora de su entrevista laboral:

-Buenas tardes señor Perea, estoy listo para la entrevista.- dijo Javier.
-Buenas tardes, muy bien, adelante.
-Gracias.- contestó Javier, haciendo un ademán que indicaba el camino hacia la oficina del señor Perea.
-Enhorabuena! Veo que ha recuperado su vista, su voz y su oido, Javier! No sabe cuánto me alegra!
-Así es.
-Bien, pase a mi oficina para comenzar la entrevista.

Una vez dentro de la oficina del señor Perea, Javier nota que, reposaba colgada en el muro principal una camisa rosa de cuadritos con adornos dorados. Los ojos de Javier casi saltan de sus cuencas, y sus colmillos excretaban veneno incesablemente, afortunadamente Javier tenía su boca cerrada. La entrevista iniciaba su curso.

-Tiene experiencia en ordenar piezas de ropa? - preguntó el señor Perea.
-Sí, antes de perder mis sentidos, solía ordenar la ropa de la tienda de mi mamá.
-Quiere decir que la última vez que lo hizo fue de niño?

Los oidos de Javier comenzaron a escuchar demás, empezaba a bloquearse, pero logró contolarse la primera vez:

-De niño me dijo usted? De niño nunca tuve problemas para doblar ropa, ni para acomodarla. Ahh! su pregunta fue que si la última vez que lo hice fue de niño? Sí, fue de niño.- Divagaba ligeramente Javier.
-Estaría dispuesto a acomodar la ropa en el turno de la mañana, señor Javier?

Ahora los ojos de Javier tenían control sobre él, apuntándose siempre hacia la horrible camisa rosa, con un pie fuera de sus cuencas, listos para saltar. Sus oidos seguían sobresaturándose, escuchando mil palabras por segundo cuando se le decían tres, un ritmo nunca antes alcanzado, divagaba intensamente.

-Dispuesto? Sí, completamente. A acomodar? Eso nunca me fue mencionado! yo vine a trabajar con la ropa, y resulta que usted quiere que acomode. Qué me va a poner a acomodar? Libros? Revistas? Así con mentiras yo no trabajo, y menos en la mañana que me cuesta tanto levantarme. Sabe qué? Su camisa rosa con verde es horrible, no sé ni para qué vine...

Se escuchó un pequeño estallido dentro del cuerpo de Javier. Sus cuerdas vocales tronaron y sus ojos quedaron bizcos, Javier había colapsado al intentar controlar sus sentidos. Intentó pronunciar una palabra, pero ningún esfuerzo era suficiente para que alguna nota saliera de su boca. El señor Perea notó que Javier no podía hablar más y sintió alivio.

-Bien, le agradezco mucho que haya asistido a esta entrevista. Le invito a mi oficina cuando tenga la habilidad de escuchar. Cuando me dijo que sí, el puesto era suyo, sin embargo, habló demás y cambié mi opinión. Le deseo muy buena tarde.

Recuperó su vista y oido, pero perdió su voz. Se dio cuenta que tenía que arreglar el problema del filtro antes de asistir a la entrvista (o de, incluso, poder hablar)... Muy tarde.

Wednesday, 2 February 2011

Funeral de Cojein

La noche acobijaba al sujeto "X" mientras éste reemplazaba el foco ahorrador de luz blanca por un ahorrador de luz "cálida". Cuando hubo terminado, "X" entró de nuevo a su casa, subió por las escaleras, entró a su cuarto y en ese momento, notó que en su móvil había cinco llamadas perdidas del número de "Y", su mejor amigo. Puesto que "X" no contaba con servicio en su móvil, tomó el teléfono de su casa y se comunicó con "Y" para preguntarle qué se le ofrecía.

-Que rollo - le saludó "X".
-Qué hay? - contestó "Y".
-Qué necesitabas, o qué?
-Eh, necesito que me acompañes.
-A dónde?
-A un funeral.
-De quién?
-De Cojein.
-En Mausoleos?
-No, en el Costeñito (restaurante de mariscos).
-Un funeral en el Costeñito? Eso no puede ser - contestó "X" en tono burlón.
-Simon, tú cámbiate y vístete bien - respondió "Y"
-No seas mentiroso, no te creo.
-Sí es cierto, tú cámbiate que en cinco minutos estoy en tu casa.

Eran las 21:30 aproximadamente cuando "Y", acompañado por "Z", llegó a casa de "X" para que le acompañara al Costeñito. "X" se subió al automóvil de "Y" y saludó a "Z", luego lo siguiente se repitió a lo largo de todo el camino entre la casa de "X" y el Costeñito, que está a 5km de casa de "X", aproximadamente:

-Conozco a Cojein? - preguntaba "X"
-Simon, sí lo conoces, lo conociste en casa de "Z" - le contestaba "Y"

Mientras "Y" y "Z" discutían con "X", éste recordaba que "Z" tenía un perro cojo (sin una pata) al cual le decían Cojein, por lo que, asumía que era una broma y no estaba dispuesto a creerles ni a "Y" ni a "Z". Sin embargo, "X" prefirió no mencionar nada sobre el perro, ya que, no quería decir algo que no fuera conveniente para la situación en caso de que el tal "Cojein" fuera una persona real, y con la cual la estuviese comparando "X" (hecho que resultaría bastante inapropiado).

Hasta que, casi a punto de llegar, "Y" y "Z" le dicen a "Z":

-Neta te tienes que tomar esto en serio, "X", nada de estarte riendo.
-Sí, no hay problema - contestó "X", cambiando su postura burlona hacia lo que "Y" y "Z" le decían, y tomando todo con suma seriedad.

Se bajan del carro los tres sujetos, y se dirigen directamente hacia el Costeñito. Abren la puerta del restaurante, y en ese preciso instante danzaban vagos pensamientos de "X" en un vaivén de preguntas y respuestas:

-Dónde estará el ataúd?, Por qué todos tan felices?, tengo que mantenerme callado, quién será el tal Cojein?, si me río voy a quedar mal...

No obstante, "X" no pudo contener su risa de incredulidad e iba riendo conforme iba caminando, tratando de controlarse. Cada vez que "X" reía, "Y" volteaba hacía él diciéndole:

-Qué traes wey?
-Nada... Dónde está el ataúd? - preguntó "X"
-Ahí, qué no lo ves? - respondió "Y"
-No, dónde?
-No te rías, tienes que guardar respeto.

Pero aquella escena resultaba muy normal para "X", quien no encontraba a ninguna persona triste, ni tampoco el ataúd, ni coronas(solo las del bar), ni al tan mencionado "Cojein". Entonces fue cuando "X" logró encontrar a la novia de "Y" junto con sus amigos.

-Wey, no hay ningún Cojein, estás hecho garras... Sí te la creíste? - Dirigiéndose "Y" a "X".
-Simon, cállate ya - respondió "X" riendo.
-Cojein era el perro cojo de "Z" - le aclaró "Y"...



Notas:

Sí, desgraciadamente esta es una historia real, y, peor aún... EL SUJETO "X" SOY YO...